No puedo dormir porque pienso mucho: qué escribir antes de apagar la luz

Cerrar el día por escrito es justo la variante con la que más tardas en dormirte. En un laboratorio con polisomnografía, la lista de pendientes ganó por nueve minutos.

Acuarela de un jardín nocturno en el que todas las flores se han cerrado menos una, que sigue abierta y luminosa mientras el resto duerme.
LA CIENCIA DETRÁS

Escribir cinco minutos la lista de pendientes antes de acostarse adelantó el sueño frente a escribir la lista de lo ya hecho: 15,82 minutos contra 25,09.

SCULLIN ET AL. · 2018 · J. OF EXPERIMENTAL PSYCHOLOGY: GENERAL

Cincuenta y siete personas se acostaron con electrodos en la cabeza, en un laboratorio de sueño, con la luz apagada alrededor de las diez y media. Antes de acostarse, a la mitad le pidieron cinco minutos de escritura sobre lo que le faltaba por hacer; a la otra mitad, sobre lo que ya había hecho. Los de la lista de pendientes se durmieron nueve minutos antes. Si tu cabeza arranca justo cuando apagas la luz, ese contraste importa. Lo que escribes antes de dormir tiene dirección. Y la variante que más se recomienda — cerrar el día por escrito — resultó ser la lenta.

Qué pasó exactamente esa noche

Scullin, Krueger, Ballard, Pruett y Bliwise (2018) llevaron a 60 adultos de entre 18 y 30 años a un laboratorio con polisomnografía; 57 quedaron en el análisis final. La polisomnografía es el registro que mide el sueño con electrodos, no con un cuestionario a la mañana siguiente. Cada participante escribió cinco minutos, a mano, antes de acostarse. El sorteo decidía sobre qué. Un grupo escribió los pendientes de los días siguientes; el otro, las actividades que ya había completado ese día y los días anteriores.

La diferencia salió del propio registro, no del recuerdo de nadie. El grupo de pendientes tardó 15,82 minutos en dormirse; el del recuento, 25,09 (t(55) = 2,32; p = 0,02; d = 0,63). Nueve minutos largos de distancia entre dos versiones de la misma instrucción: escribe cinco minutos antes de acostarte.

Conviene fijar lo que se comparó, porque es donde el estudio suele contarse mal. No fue escribir contra no escribir. Los dos grupos escribieron, el mismo tiempo, con el mismo papel y el mismo lápiz. Lo único que cambiaba era hacia dónde miraba la lista: adelante o atrás.

Por qué la lista de lo que falta le gana al recuento del día

La lectura de los autores es de descarga. La dificultad para dormirse se alimenta de las tareas que siguen girando sin cerrar, y ponerlas por escrito les da un sitio fuera de la cabeza. El recuento del día trabaja en la dirección contraria: repasar lo hecho vuelve a abrir el inventario entero justo cuando se apaga la luz.

Es una interpretación, y hay que decirlo así. Este experimento midió cuánto tardó cada persona en dormirse, no qué le pasaba por dentro mientras tanto. Los propios autores señalan ese hueco: no registraron la activación mental de los participantes en la cama, así que el mecanismo queda propuesto, no demostrado.

Hay un detalle del diseño que vuelve la comparación más limpia de lo que parece. Las tareas eran de cada participante, no una lista impuesta: las propias del futuro en un caso, las propias del pasado inmediato en el otro. Nadie tuvo que inventar contenido ni ponerse profundo. La instrucción era administrativa, y aun así movió el reloj.

Aun con esa reserva, el hallazgo es incómodo para el consejo habitual. La recomendación de cerrar el día por escrito se apoya en una intuición razonable: ordenar lo vivido antes de soltarlo. En esta noche concreta, esa intuición salió perdiendo contra la lista de mañana.

Cuanto más larga la lista, antes llegó el sueño

Dentro del grupo de pendientes apareció un segundo patrón. Los investigadores contaron los ítems de cada lista, y así definieron su especificidad. La relación resultó negativa: cuantos más pendientes escribió alguien, menos tardó en dormirse (r(26) = −0,39; p = 0,04). Es lo contrario de lo que sugiere la intuición, que diría que enumerar más cosas por hacer deja a la persona más inquieta.

En el grupo del recuento la relación apuntaba al lado opuesto: cuanto más específico el repaso de lo ya hecho, más demora en dormirse. Pero se quedó en r(27) = 0,34 con p = 0,07. Eso es una tendencia, no un resultado. La distinción parece un tecnicismo y no lo es: es exactamente lo que se pierde cuando un estudio viaja convertido en titular.

Hay que sumar una advertencia que hacen los propios autores. Cada una de esas correlaciones se apoya en unas 28 personas: la muestra es adecuada para la comparación experimental entre los dos grupos, pero se queda corta para análisis de diferencias individuales como este. Dicho de otro modo: la mitad más llamativa del paper es también la más frágil. Sirve como pista, no como norma.

La lectura práctica, entonces, es modesta y cabe en una línea. Si vas a escribir, enumerarlos todos en vez de resumirlos en tres categorías — trabajo, casa, pendientes varios — es una apuesta razonable. Razonable, no demostrada: sale de la parte más frágil del paper, y conviene tomarla así.

Una idea con fuente cada lunes.

La carta de los lunes: un hallazgo por semana sobre escribir y pensar, con el estudio citado y sus límites incluidos.

Recibir la carta de los lunes →

La gratitud antes de dormir no fue lo que se puso a prueba

Vale la pena decirlo con precisión, porque el estudio circula estirado. Las dos condiciones fueron pendientes y tareas terminadas. La gratitud no estaba entre ellas. Escribir tres cosas que agradeces no es lo mismo que hacer el inventario del día. Este experimento no dice nada sobre esa práctica, por la razón más simple: no la midió.

Lo que sí toca de cerca es el consejo más repetido del journaling nocturno, el de repasar por escrito lo que hiciste antes de dormir. Esa es, casi literalmente, la condición que tardó veinticinco minutos. Nos cuesta admitirlo, porque escribimos sobre escribir, y aquí el dato apunta contra el gremio.

La gratitud tiene su propia literatura, con efectos más modestos de lo que se promete y con matices que merecen su espacio. Está contada en la guía para hacer un diario de gratitud, no en este experimento. Y la hora tampoco es un detalle: lo que se midió fue el efecto a las diez y media, en la cama. El mismo recuento a las siete de la tarde no entró en la comparación. Así que la lectura práctica es de horario y no de renuncia: si el recuento del día te importa, muévelo más temprano y deja los últimos cinco minutos apuntando hacia adelante.

Lo que este estudio no dice

Cincuenta y siete personas, una sola noche, adultos de entre 18 y 30 años sin problemas de sueño: quienes los reportaban quedaron fuera antes de empezar. No hubo seguimiento a la semana ni al mes. No se comparó contra no escribir nada. Y el laboratorio, con sus electrodos y su hora de apagar la luz fijada por el protocolo, no es tu cuarto.

Con eso en la mano, lo que el experimento sostiene cabe en una frase. En una noche de laboratorio, con cinco minutos de papel y lápiz, la lista de lo que falta adelantó el sueño frente a la lista de lo hecho. Nada más, y nada menos. No es una indicación para quien lleva meses durmiendo mal. Ahí hace falta un profesional, no un artículo.

Tampoco convierte la lista en un método de escritura. Escribir para pensar es otra cosa, con otra evidencia y otro horario, y cómo empezar a escribir un diario recorre esa parte. Lo de esta noche es más pequeño y más concreto: cinco minutos, un papel, y todo lo que falta por hacer sacado de la cabeza. Ni siquiera hace falta que la lista quede bonita, porque nadie la va a leer y tampoco es una agenda. Su función termina en el momento en que existe fuera de ti.

El experimento probó una cosa, con cuidado, durante una noche. Que el sueño llegue nueve minutos antes en un laboratorio no promete que llegue nueve minutos antes en tu casa. Pero de las dos versiones del mismo consejo, sabemos cuál se midió y cuál ganó. No es la que suele recomendarse.

Referencias

  • Scullin, M. K., Krueger, M. L., Ballard, H. K., Pruett, N., & Bliwise, D. L. (2018). The effects of bedtime writing on difficulty falling asleep: A polysomnographic study comparing to-do lists and completed activity lists. Journal of Experimental Psychology: General, 147(1), 139–146.
CADA LUNES
La carta de los lunes.

Doble confirmación: te llega un correo y decides. Baja de un clic, cuando quieras.

MS

Fundador de Pluto Bloom. Escribe sobre el oficio de pensar por escrito y la ciencia que lo sostiene. Cada afirmación científica lleva autor y año, verificada contra la fuente antes de publicarse.