Mudarse de país es la mudanza que nadie te explica. Llegas con maletas y papeles, y nadie menciona el resto: la comida que ya no está, el idioma en el que no eres gracioso todavía, los amigos que quedaron en otra zona horaria, la persona que eras allá y que aquí nadie conoce.
El portugués tiene la palabra que el español y el inglés no encontraron: saudade — la presencia de una ausencia. Extrañar algo que quizá no vuelve, y sostenerlo con ternura en vez de esconderlo. Nombrar con esa precisión no es decoración: Barrett y sus colegas (2001) mostraron que quienes distinguen sus emociones con más detalle las regulan mejor.
Los artículos de este momento son para escribir la migración por dentro: el duelo de lo que quedó, la identidad que se rearma, y el hábito de dejar registro — porque releerte seis meses después es la prueba de cuánto caminaste, escrita por el único testigo que estuvo en las dos orillas: tú.
Una idea aplicable por semana. Sin humo.